08.12.2011 | 22:31 |

Problema primario para la Argentina y Brasil

Por:
Marcelo Zlotogwiazda

En el mismo momento en que Cristina Fernández y Dilma Rousseff acordaban en Caracas la creación de un mecanismo de integración productiva tendiente a amortiguar el impacto de la crisis internacional y a proteger a ambas economías de los excedentes de exportación que China (primordial pero no exclusivamente) podría querer volcar hacia esta región, se desarrollaba en Buenos Aires un seminario en el que dos prestigiosos intelectuales de la Argentina y de Brasil coincidían en la necesidad de que los dos países aúnen esfuerzos.

Por un lado Juan Gabriel Tokatlian, experto en relaciones internacionales de la Universidad Di Tella, se preguntó qué debería hacer la Argentina con un “Brasil exitoso”, para responder “una alianza estratégica”. Luego Rubens Ricupero, dos veces ministro en Brasil y con larga carrera diplomática (fue embajador y también secretario general de la Unctad), señaló que “Brasil y Argentina deben plantearse de manera conjunta, y no individualmente, cómo integrarse al mundo”.

Pero lo más interesante no fueron las coincidencias. Ricupero provocó al auditorio convocado por la consultora Abeceb diciendo que “se exagera lo bien que está Brasil”. Pese a que acuerda con los pronósticos que vaticinan un crecimiento de entre 3 y 4 por ciento para el año próximo, señaló que “el país tiene problemas estructurales y de competitividad” y una “tasa de inversión baja”, que equivale a sólo 18 o 19 por ciento de su Producto Bruto. Advirtió que Brasil está “en riesgo de desindustrialización” y que cada vez más “el crecimiento de la demanda interna está siendo capturado por los chinos”. Ejemplificó con el dato de que en octubre pasado se contrajo la producción industrial a pesar de que fue el mes con mayor nivel de empleo, y por ende de demanda, de la historia. Según él, eso sucede porque “cuando hay problemas de competitividad, la demanda no genera inversión” porque, entre otras razones, las multinacionales y las grandes compañías nacionales se transforman en importadoras. Fue muy enfático en cuestionar los modelos de integración al mundo basados en commodities porque “es peligroso creer que se puede vivir siempre de las ventajas naturales” y porque “la agricultura no genera la necesaria cantidad de empleos”. Por eso, insistió en que “la industria es indispensable”.

Su preocupación está más que fundamentada. Ese mismo viernes pero por la tarde, se conocieron los datos oficiales sobre el comercio exterior brasileño de los primeros once meses del año, que mostraron un fortísimo salto en el superávit (de 14.800 en 2010 a 26.000 millones de dólares en 2011), pero motorizado principalmente por la extraordinaria dinámica de las exportaciones de productos básicos, que aumentaron de un período a otro casi un 40 por ciento hasta alcanzar los 112.000 millones de dólares, que ya representan el 47,9 por ciento del total de lo que se exporta. La tendencia hacia la primarización de las exportaciones se puede observar en que el peso de los productos primarios en los primeros once meses del año pasado había sido de 44,4 por ciento.

El imponente avance de las materias primas en Brasil también se puede mostrar con los siguientes datos:

- La exportación de mineral de hierro (insumo básico para la siderurgia) aumentó en los once meses de este año un 50 por ciento en relación a igual período de 2010, y sumó 38.140 millones de dólares.

- La de petróleo crudo subió 42 por ciento y llegó a 19.000 millones.

- La de soja en grano un 43 por ciento y alcanzó los 15.600 millones.

- La de café un 59 por ciento hasta 7.250 millones de dólares.

Como parámetro comparativo se puede tomar en cuenta que esos cuatro productos le reportan a Brasil tantas divisas como el total de las exportaciones argentinas.

También en la Argentina las exportaciones tienen un creciente componente de materias primas. Los últimos datos oficiales indican que en los primeros diez meses del año la exportación de productos primarios aumentó un 33 por ciento, superando a los otros rubros. Por su parte, la exportación de manufacturas de origen industrial (netas de la venta de oro) viene perdiendo peso (30,8 por ciento en 2010 y 30,5 por ciento este año) y ya están bastante por debajo de la exportación de manufacturas de origen agropecuario.

La Argentina tiene como problema adicional que el principal destino de sus exportaciones industriales es Brasil. En el período enero-octubre Brasil recibió el 20 por ciento del total de exportaciones argentinas, pero el 45 por ciento del total de las exportaciones de manufacturas de origen industrial. Y como se vio, en Brasil hay una tendencia hacia la primarización, que podría resentir la demanda de insumos industriales argentinos de manera directa, o quizás inducirlos a adoptar políticas sustitutivas que afecten la industria argentina.

A lo anterior hay que agregar que el comercio bilateral arroja para la Argentina un saldo negativo en ascenso, que pasó de 2.600 millones de dólares en los primeros diez meses del año pasado a 3.800 millones en igual período de este año (los datos brasileños marcan que el saldo negativo hasta noviembre trepa a los 5.300 millones).

Considerando ese contexto de desequilibrios y de problemas de primarización común a ambos países, resalta la importancia de la intención de Cristina y Dilma de establecer un mecanismo de integración productiva. Pero ese mismo contexto de dificultades compartidas e interdependencia sesgada a favor de Brasil, da la pauta de lo complejo que será concretar el objetivo que acordaron en beneficio mutuo.

Ahora que Joseph Stiglitz pasó otra vez por aquí, viene bien recordar una cita suya que hizo esta columna hace tres meses: “La Argentina debe diversificar más su economía e invertir en sectores de alta tecnología, porque hoy todavía es un país dependiente”, había dicho el Premio Nobel durante un encuentro en Alemania. La recomendación se hace extensiva a Brasil.

 

 

EL PAIS › A DOS AÑOS DE SU IMPLEMENTACION, 3,5 MILLONES DE CHICOS COBRAN LA ASIGNACION UNIVERSAL

Un plan para los pibes que llegó para quedarse

La cantidad de beneficiarios se redujo en 156.541 respecto del pico de mayo de 2010. 1.117.325 dejaron de cobrar porque los padres consiguieron empleo formal o no cumplían los requisitos, pero se incorporó a un millón de chicos nuevos.

Por David Cufré

La Asignación Universal por Hijo (AUH) cumplió en noviembre dos años desde su implementación. El programa nació con 3,3 millones de inscriptos, tuvo un pico de 3,7 millones en mayo de 2010 y el mes pasado se liquidaron 3,5 millones de beneficios. Aunque las cifras presentan variaciones menores, entre aquel techo y el nivel actual ocurrieron varios hechos significativos, que reflejan la vida propia que adquirió el sistema y su funcionamiento institucional. Por ejemplo, el padrón de niños y adolescentes cubiertos por la asignación registró un millón de incorporaciones, de las cuales 285 mil fueron gracias a que la Anses pudo depurar sus bases de datos hasta conectar a todos esos niños con sus padres, información que en un principio estaba dispersa y no permitía que esos menores accedieran a la ayuda estatal. Otros tantos dejaron de cobrar el beneficio por diversos motivos, entre los cuales el principal es que sus padres consiguieron empleo en la economía formal.

La otra razón que elevó la cifra de chicos alcanzados por la AUH fueron los nacimientos que ocurrieron en el período, bebés que la Anses detectó rápidamente e incorporó al sistema. Y una tercera causa fue la política de documentación masiva que lanzó el Gobierno a través de los nuevos DNI y campañas específicas de los ministerios del Interior y Desarrollo Social. Entre estos dos factores se contabilizan 736.128 altas en la asignación, a las que se agregan 284.656 por la identificación de hijos y padres explicada más arriba. En total, la suma arroja 1.020.784 nuevos anotados entre mayo de 2010 –cuando se alcanzó el máximo de beneficiarios, con 3.684.500– y el nivel actual –de 3.527.900 niños–.

Ese millón de adhesiones es el dato que presenta la Anses para responder a la crítica que lanzó un sector de la oposición cuando se creó la AUH y que sostiene hasta el día de hoy. Su argumento es que las condiciones impuestas para acceder son demasiado restrictivas y dejan afuera a chicos que deberían cobrar. Luego de dos años de funcionamiento, el organismo de la seguridad social asegura que el mecanismo es eficiente para captar a aquellos que merecen el subsidio y que en todo caso las correcciones que se pueden presentar son menores.

Pero si el padrón de la AUH se amplió en más de un millón de chicos y el número de beneficiarios actuales es menor en 156.000 al de hace un año y medio, hay otras razones que lo explican y también dan cuenta de las transformaciones que se van operando dentro del programa. La más notable es que 318.210 menores dejaron de cobrar ese plan porque sus padres empezaron a trabajar en la economía formal. Se convirtieron en empleados bajo relación de dependencia y pasaron a percibir las Asignaciones Familiares que liquida la propia Anses. La información es congruente con las tasas de empleo y desocupación registradas en el tercer trimestre. La primera llegó a su máximo desde 2003, con un 43,4 por ciento, mientras que el desempleo bajó hasta su mínimo desde 1990, a 7,2 por ciento. “Los padres de miles de niños que antes percibían la AUH ahora cobran las asignaciones en sus trabajos”, celebró la Anses, en un informe al que accedió Página/12.

En la misma línea, 90.144 chicos dejaron de cobrar la Asignación Universal por Hijo porque sus padres se inscribieron como monotributistas, lo que habla de un pasaje de la informalidad a algún grado de formalidad laboral. En el mismo documento se especifica que otros 285.205 menores de 18 años ya no perciben la AUH porque sus padres o tutores se convirtieron en jubilados o beneficiarios de pensiones no contributivas y el Gobierno estableció que aquel plan es incompatible con estas otras coberturas estatales. Lo mismo ocurrió con 164.263 chicos que accedieron a planes sociales liquidados por las provincias.

Hay otro grupo, de 134.725 chicos, que fueron dados de baja de la AUH porque sus padres no presentaron la libreta que acredita el cumplimiento de algunas de las condiciones impuestas para cobrar: la asistencia regular a clases y las vacunas obligatorias. Es decir, el 3,8 por ciento del total de inscriptos. El Gobierno justifica su rigurosidad en este punto porque sostiene que la AUH tuvo un impacto positivo en el aumento de la matrícula escolar y en los planes de vacunación, y que ésas son ganancias asociadas a la creación del beneficio que es conveniente preservar.

Más polémica es otra de las causas por las cuales se excluye a menores de 18 años del sistema: 164.263 quedaron de lado porque la Anses detectó que sus padres no encuadraban con algunos de los requisitos exigidos, como ser trabajadores informales y ganar menos del salario mínimo vital y móvil. La Anses realiza inspecciones permanentes para corroborar que se cumplan esas condiciones. También dentro de este grupo hay que computar a chicos que asisten a escuelas privadas que cobran cuotas mensuales superiores a los 100 pesos y por esa razón ya no pueden participar de la AUH (ver aparte).

En conclusión, entre el 1.020.784 altas y el 1.117.325 bajas, los beneficiarios actuales son 156.541 menos que en el pico de mayo de 2010. Son números que se van moviendo mes a mes y que evidencian que la AUH es un programa ya instalado que va ganando en profundidad. Esto también se refleja en el comportamiento mayoritario de quienes reciben ingresos por esta vía. Desde que entraron en vigencia las libretas donde los anotados en el sistema deben registrar la asistencia a clases y la aplicación de vacunas, 4.613.341 de ellas fueron presentadas ante la Anses. Eso liberó el pago del 20 por ciento que el organismo les retiene mes a mes hasta cumplir con ese trámite. Eso suma 1159 millones de pesos desde abril de 2010 hasta noviembre último, a razón de 523 pesos promedio por familia el mes pasado.

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China-América Latina, la relación que preocupa al Banco Mundial
Martes 27 de septiembre de 2011 por CEPRID
Alberto Cruz

CEPRID

China es el incuestionable nuevo actor de la política internacional. No sólo es cortejado el país para que acuda en auxilio de la economía agonizante de los países europeos, sino que su política está siendo cada vez mejor acogida en un mundo que observa cómo se acelera el declive estadounidense y occidental. La política exterior china es la puesta en práctica de un modelo político y diplomático que prefiere desarrollar el “poder blando” –diplomacia, no injerencia y multipolaridad- en contraposición al modelo tradicional estadounidense y europeo de intervención militar, unipolaridad e interferencia política (1). Lo que viene ocurriendo en el Magreb y Oriente Próximo en los últimos tiempos, o lo sucedido con los procesos emancipatorios que se vienen desarrollando en América latina en los últimos años lo pone claramente de manifiesto.

Esta política, basada en lo que los académicos chinos denominan “el consenso de Beijing”, está siendo desarrollada a gran escala a partir del año 2007 aunque desde mucho antes China ya venía tejiendo una cautelosa red de influencia en todo el mundo –de forma especial en África, Asia y América Latina- que ya preocupa de forma oficial a instituciones como el Banco Mundial. Este organismo acaba de hacer público un informe tremendamente esclarecedor sobre cómo América Latina está soportando la crisis económica mucho mejor que EEUU y Europa (2) en el que se afirma: “El fuerte crecimiento en la última década en América Latina y el Caribe ha tenido un nuevo impulsor clave, China, que ha demostrado ser una fuente importante de estabilidad, tanto durante la crisis económica mundial de hace dos años, la más grande desde la Gran Depresión, como durante la actual crisis del mercado que está ocurriendo en Europa y Estados Unidos”.

Sin embargo, junto a esta evidencia que parece a primera vista un elogio, de inmediato aparece la gran preocupación: “el crecimiento en los países de América Latina y el Caribe parece estar cada vez más atado a los desarrollos en China y menos al de los países desarrollados”, un hecho que no gusta lo más mínimo al BM que insiste en ello una y otra vez. Tomemos otro ejemplo: “a pesar de la desalentadora imagen de la actual conexión de América Latina y el Caribe con China, existen algunas señales esperanzadoras [para una política económica menos dependiente de las relaciones con China]. Las mejoras institucionales y en los marcos de políticas económicas de América Latina y el Caribe aumentan las oportunidades de evitar la maldición de los recursos naturales [en los que según el BM se asienta la presencia china en el continente americano] y aumenta las esperanzas de que se convierta en bendición. Además existe creciente evidencia de casos específicos en la producción de productos agrícolas de la región de amplia modernización tecnológica, efectos de agrupación y vínculos con otros sectores (por ejemplo, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay)” que alejarían a los países latinoamericanos de los chinos.

Como no se puede tapar el sol con el dedo, todo el informe del BM ofrece una palada de cal y otra de arena. Así, mientras que se certifica que “China es lo suficientemente grande y crece lo suficientemente rápido para ejercer una influencia importante sobre la región”, de inmediato se afirma que “todavía sigue siendo menos desarrollada que América Latina y el Caribe y por lo tanto no puede ser una fuente significativa de aprendizaje para la región”. ¿Dónde, entonces, tienen que aprender estos países? Pues donde siempre: “el aprendizaje (producir más y mejor de lo mismo, y producir cosas nuevas) en una economía globalizada puede provenir de cualquier lado, no sólo del país al cual se exporta, siempre y cuando se tengan las instituciones y políticas adecuadas. La ausencia de estas últimas explica en parte porque América Latina y el Caribe no pudo capitalizar la estrecha relación que mantenía con los EE.UU. (una economía rica e innovadora operando en la frontera tecnología) durante la mayor parte del período posterior a la Segunda Guerra Mundial”. El que fuese precisamente EEUU quien impidiese el desarrollo de esas instituciones apoyando y fomentando los golpes de estado y las dictaduras militares no está dentro de los parámetros del BM. No hay ni una sola referencia a ello en las 67 páginas del informe.

Se dirá que no es el cometido del BM. Pero da la casualidad que es justo con la desaparición de las dictaduras militares y la restauración de las incipientes democracias –que no se atrevieron a romper del todo con el legado de los golpistas- cuando se inició el crecimiento económico de América Latina, ahora tan alabado. Traducido en datos del BM, el continente ha aumentado un 25% su Producto Interior Bruto desde entonces, con un “brillo especial en los últimos 10 años” (sic). Es decir, con la llegada de los chinos al continente.

21 de 33

En apenas diez años China ha establecido relaciones diplomáticas y económicas con 21 de los 33 países latinoamericanos y caribeños y la inversión china en ellos es ya de 50.000 millones de dólares (unos 35.000 millones de euros). Pero China ha hecho algo especial con América Latina: ha comenzado a otorgar créditos al desarrollo. Eso implica un compromiso profundo y a largo plazo con el continente latinoamericano que no aparece en el informe del BM.

En una época de débil crecimiento económico, de caída de los precios de los productos básicos y con restricciones en el acceso a créditos la presencia china ha sido recibida con alborozo en países como Venezuela, Brasil, Bolivia, Paraguay, Colombia, Ecuador y Argentina. Los casos de Venezuela, Brasil y Argentina son especialmente significativos. En estos países, China está invirtiendo en el área de exploración de recursos naturales y de explotación de los mismos. China se ha convertido, además, en el mayor socio comercial de Brasil, superando a los EEUU. Más del 60% de las importaciones chinas de soja provienen de Brasil y Argentina, principalmente; la harina de pescado llega en un 80% de Perú y Chile (en este último país la industria del salmón es de matriz china) y los vinos y las uvas también llegan desde Chile en un 45%.

La magnitud de las inversiones chinas en América Latina es asombrosa. Principal socio comercial de Brasil y Chile, segundo socio comercial de Perú y Argentina según el Banco Interamericano de Desarrollo. Las importaciones chinas de América Latina aumentaron el 1.153% en la década de 2000-2010, mientras que las exportaciones lo hicieron en un 1.800%. Sólo en los diez primeros meses de 2010 el volumen de operaciones chinas en América Latina y el Caribe alcanzó la cifra de 22.740 millones de dólares (16.844 millones de euros), también según el BID. Entre esas exportaciones hay electrodomésticos, teléfonos y aparatos de aire acondicionado que muy pronto tendrán fábricas de ensamblaje en Cuba y Venezuela.

Este último país ha abierto una línea de crédito de 20.000 millones de dólares (14.890 millones de euros) a cambio de petróleo: 200.000 barriles diarios en 2010, 250.000 barriles en 2011 y 300.000 en 2012. Esto significa que en una década Venezuela estará en condiciones de exportar a China un millón de barriles diarios, más o menos la cantidad que exporta a EEUU (el total de la producción de petróleo de Venezuela es de 3 millones de barriles diarios). De ahí la importancia de las elecciones presidenciales recientemente adelantadas por Chávez a ese año. Su triunfo garantizará una aceleración de todo este proceso y un significativo avance de la independencia económica de Venezuela respecto a EEUU.

Otro tanto ocurre con Bolivia, país con el que China ha llegado a un acuerdo para construir un satélite de comunicaciones que va a proporcionar cobertura en todo el país y que tiene de los nervios a las hasta ahora grandes corporaciones como Intelsat o Hispasat, por mencionar sólo algunas. El no depender de las estaciones occidentales es vital para la supervivencia del gobierno de Evo Morales, que evita así injerencias descaradas en su política interna.

Como es lógico, no todo es un camino de rosas. En países como Argentina las críticas a los acuerdos con China se han producido, en especial en la provincia de Río Negro, al firmar un acuerdo para la compra de unas 320.000 hectáreas de la mejor tierra de cultivo para producir maíz, trigo, cebada, soja, cebolla, patata, frutos secos y vides para la exportación a China. En otros países (Ecuador, Perú en menor medida) también hay críticas similares que no son objeto de este artículo. Sin entrar en tantas cifras concretas el BM recoge esta realidad, a su manera, al afirmar que el aumento del PIB fue “considerable” en países como Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay añadiendo en el mismo grupo a Panamá, República Dominicana, Guyana y Surinam, aunque matizando que en el caso de estos últimos países haya habido otro factor, además del chino: “tal vez aprovechando su proximidad con Brasil”. Estos países suponen el 71% del PIB de América Latina y el Caribe y serían el motor del crecimiento económico del continente. El BM establece con el resto dos grupos, uno digamos intermedio, en el que estarían El Salvador, México, Venezuela y los países del Caribe y en la parte más baja se situarían la mayoría de los centroamericanos que tenderían un crecimiento más moderado, de un 7% inferior al que tenían antes de lo que el BM denomina pre-crisis (años 2003-2007).

No obstante, para el BM “los países de crecimiento alto, que están cada vez más conectados con China, se encuentran actualmente chocando contra las restricciones de capacidad para un crecimiento no inflacionario” y, en consecuencia, alerta sobre las consecuencias de la inflación de cara al sobrecalentamiento económico y al aumento en los precios de los alimentos y combustibles en un futuro no lejano si, a su juicio, no se corrige la política macroeconómica actual y se evita una “excesiva apreciación” de las monedas locales de cara al aumento y alta volatilidad en los precios de las materias primas e ingresos de capital. Es decir, un argumento muy similar al que se difunde desde EEUU sobre el “redimensionamiento” de la moneda china, a quien se presiona para que baje su valor y de esta manera facilite la exportación y así se recupere la economía estadounidense. Al mismo tiempo, el tener un dólar fuerte –fortaleza que pierde cuando otras monedas se revalorizan- otorga a EEUU una ventaja considerable para lidiar con los problemas actuales y le permite endeudarse a un bajo costo incluso en circunstancias de alta incertidumbre para el sistema capitalista como las actuales.

La relación China –América Latina y Caribe es cada vez más estrecha y de difícil vuelta atrás. Los gobiernos más conservadores y proclives a los intereses imperialistas (con el caso más paradigmático de Colombia) están buscando reforzar sus vínculos económicos con China. De ahí que el rol chino como una fuente independiente de influencia sobre las economías latinoamericanas se refuerce día a día, a medida que se acentúa el declive de EEUU y sus aliados europeos. La realidad es que América Latina crece y Europa decrece, razón por la cual el BM establece que hay un “desacoplamiento” de la economía del sur del continente americano respecto de las “economías avanzadas” y, por el contrario, unos lazos cada vez más fuertes con las “economías emergentes”.

A pesar de las evidencias, el BM discute la relación “no muy alentadora” entre China y América Latina para la promoción del crecimiento a largo plazo de la región y establece una comparación entre Japón y la parte este de Asia, donde el país nipón fue el motor del desarrollo de los denominados “tigres asiáticos”. El BM juzga como un factor negativo para la continuidad del crecimiento latinoamericano el alejamiento geográfico de China. Por eso contrapone el caso chino al japonés y hace constantes referencias a que los latinoamericanos tendrían que tener más presente a EEUU, aunque la situación económica que atraviesa este país no ayuda y eso lo reconoce el BM. Esta es la razón por la que, una y otra vez, a lo largo del informe se vierten las críticas junto con los elogios. Si bien se concluye afirmando que China se ha convertido en la última década en un importante polo de crecimiento para América Latina y el Caribe y que no se han cumplido las preocupaciones iniciales –se supone que del propio BM- sobre que la producción China desplazaría la producción de América Latina y el Caribe a mercados terciarios (reconociendo que la relación con China se ha caracterizado por la gran complementariedad entre la abundancia de recursos naturales de América Latina y el Caribe y el modelo de desarrollo chino, altamente dependiente de los recursos naturales), se afirma que “la conexión con China no debe tomarse con complacencia” porque al estar basada “en gran medida” en la exportación de recursos naturales y productos agrícolas, “plantea la incertidumbre de si esta conexión puede convertirse en una maldición para el crecimiento de largo plazo en lugar de la bendición que representa en el corto plazo”.

El BM acusa a China de beneficiarse de los recursos naturales en América Latina, pero no invertir lo suficiente en la región, que sería de unos 4.000 millones de dólares anuales (2.900 millones de euros). Una “cuantía modesta”, para el BM comparada con la que realizan EEUU y la UE a pesar de la crisis que sufren. Pero China refuta dichos datos afirmando que la inversión directa no financiera es el triple de la que dice el BM, 11.000 millones de dólares (8.100 millones de euros), el 3’5% de lo que destina en Inversión Directa Exterior en todo el mundo (3). La cifra total de la inversión china en el exterior es de 317.200 millones de dólares (235.000 millones de euros), muy por encima de países como Japón y Gran Bretaña.

Notas:

(1) Alberto Cruz, “China inicia el cambio en la geopolítica internacional”, http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article793

(2) Banco Mundial, “Crecimiento a largo plazo de América Latina y el Caribe. ¿Hecho en China?”, septiembre de 2011. http://siteresources.worldbank.org/LACINSPANISHEXT/Resources/Annual_Meetings_Report_LCRCE_Spanish_Sep17F.pdf

(3) Hong Lei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, 22 de septiembre de 2011. Agencia Xinhua.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro, actualmente en imprenta, es “La violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi””, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID.

albercruz@eresmas.com

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