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LA NACION     Lunes 30 de enero de 2012 | 07:33

 

¿Creó Alemania la crisis en la eurozona?

¿A quién se debe culpar por comenzar la actual crisis en la eurozona? ¿Grecia? ¿Italia? La respuesta, más bien, puede estar un poco más al norte 

 

Foto: AP 

No fue el comportamiento de los miembros del sur de la eurozona el que dejó a la moneda común al borde del abismo.

Desde el principio hubo una forma para que la Unión Europea vigilara las economías de los estados miembros, siguiendo las reglas establecidas para la moneda común en el Tratado de Maastricht.

Se le llamó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y no fue ni Italia ni Grecia el que lo torpedeó. Fue Alemania.

En 2003, Francia y Alemania habían gastado de más y sus déficits presupuestarios habían excedido el límite del 3% del Producto Interno Bruto al cual estaban atados legalmente.

EL PODER DEL VOTO

La Comisión Europea -entonces bajo el mando del exprimer ministro italiano Romano Prodi- tenía el poder para multarlos.

Pero los ministros de finanzas de lo que entonces era una eurozona de 15 miembros se reunieron en Bruselas y rechazaron el voto de la Comisión.

Votaron, en otras palabras, para absolver a Alemania y Francia.

Votaron a favor de no hacer cumplir las reglas que habían suscrito y que estaban diseñadas para proteger la estabilidad de la moneda común.

El entonces ministro de finanzas británico, Gordon Brown, votó de acuerdo con la posición alemana y francesa.

La Unión Europea es criticada con frecuencia por el poder que tiene una Comisión Europea que no es elegida y supuestamente no tiene que rendir cuentas.

En esa ocasión vital, la Comisión luchó contra algo mucho más poderoso: la voluntad combinada de gobiernos elegidos democráticamente.

“Claramente”, me dijo Romano Prodi, “no tenía suficiente poder”.

“Traté y ellos (los ministros de finanzas) me dijeron que me callara”.

Jacques Lafitte fue un joven funcionario del ministerio de finanzas de Francia enviado a Bruselas en los años 90 para ayudar a diseñar la moneda común.

Dijo que los tecnócratas que trabajaban en el proyecto sabían que se necesitaba algún mecanismo central para asegurar que los gobiernos miembros cumplieran las reglas.

“Hicimos en ese entonces una serie de sugerencias a los estados miembros”, dijo Lafitte.

“Pero todas fueron rechazadas porque habrían conllevado la transferencia de soberanía de los gobiernos nacionales a Bruselas o tal vez a Fráncfort”.

“Lo sabíamos en el fondo. Otra vez no podíamos decirlo tan públicamente”.

“Éramos simplemente unos tecnócratas. Debíamos callarnos y escuchar a los estados miembros que, casi por definición, sabían cómo hacer las cosas mejor. Estaba convencido de que no era suficiente”.

MAASTRICHT, “GRAVEMENTE PERJUDICADA”

John Grant era el embajador de Reino Unido ante la Unión Europea durante la reunión de ministros de finanzas.

“La credibilidad de la Comisión y la disposición de los estados miembros a aceptar la autoridad de la Comisión como la responsable independiente de asegurar el cumplimiento de los criterios de Maastricht se vieron obviamente perjudicadas gravemente”, dice.

Fue también una señal para el resto de Europa.

“La opinión era que si los chicos grandes no cumplían ni se disciplinaban, entonces iban a estar más relajados cuando se trataba de hacer que nosotros cumpliéramos con el tratado”, recuerda el exviceministro de finanzas de Grecia, Peter Doukas.

“Digo, nadie puede imponerles sanciones a Alemania y a Francia. Son los superpoderes europeos. Así que no van a cumplir”.

“La presión estaba simplemente ausente”, añade Doukas.

El poder que retuvieron las naciones para controlar sus propios presupuestos -que, como sabemos, incluye el poder para maquillar las cifras en algunos casos- está siendo retirado.

En el futuro, los gobiernos de la eurozona tendrán que presentarle a Bruselas su presupuesto a priori para que sea aprobado.

¿Pero cuánto tiempo antes de que las poblaciones nacionales se subleven en nombre de la democracia?

“MAYOR INFLUENCIA”

 

 

 

Desde Helsinki a Atenas ya se está agitando la revuelta y a veces incluye manifestaciones antialemanas.

“Alemania es la locomotora del dolor para los problemas de otras personas”, dice Peter Doukas.

“Pedirá una mayor influencia en lo que está pasando en Grecia, Italia y España”.

“El centro de gravedad se está moviendo rápidamente hacia Berlín”.

“En la unión fiscal serán los que dicten los términos, con Francia como su socio menor”.

La resonancia histórica de una poderosa Alemania que demuestra su peso en Europa asusta a los mismos alemanes. Ellos no buscan ni quieren el liderazgo en Europa.

Pero se les ha encargado la labor de ser líderes.

PODER VS. INACTIVIDAD

En noviembre, en un poderoso discurso en Berlín, el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Radislav Sikorski, les pidió a los alemanes que actuaran.

“Probablemente seré el primer ministro de Relaciones Exteriores de Polonia en la historia que dice esto, pero aquí está”, dijo Sikorski.

“Me da menos miedo el poder alemán que el miedo que estoy empezando a sentir por la inactividad alemana”.

Fue como si estuviera diciendo “ya superamos la pesadilla nazi; ustedes también deberían hacerlo”.

La paradoja resultante es esta: que un proceso que fue motivado hace 20 años por un deseo de europeizar a Alemania parece que va a tener justo el efecto contrario.

Buena parte de Europa ahora estará obligada a germanizar su gobernabilidad económica..

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EL MUNDO › ESCENARIO

No somos estúpidos

 

Por Santiago O’Donnell

Hasta hace tres semanas Marta Dassù era directora general de Actividades Internacionales de Aspen Institute Italia, un influyente centro de estudios internacionales con sede en Washington, financiado por las fundaciones estadounidenses Ford, Carnegie y Rockefeller. Desde entonces Dassù se desempeña como viceministra de Asuntos Exteriores de Italia, su primer cargo en la función pública. Integra un gobierno de técnicos formado para salir de la crisis económica y social que golpea a la península itálica y sus vecinos del Mediterráneo. Llega a la Argentina para representar a su país en la reasunción de Cristina Kirchner. Horas antes, los países europeos (menos Gran Bretaña) aprobaron un pacto fiscal que implica un duro ajuste a nivel continental. Dassù quiere hablar de eso. Para el gobierno de Monti se trata de un paso adelante. De la relación con Argentina prefiere no decir mucho porque acaba de asumir y no se considera una experta en la región. La cita es en la residencia del embajador, en Billinghurst y Libertador. “La idea es mostrar que el gobierno de Monti ya está activo y trabajando y que es un actor importante en Bruselas”, me explican. La entrevista, de tono amable, no dura más de media hora. Sabe que no la tiene fácil. Algunas preguntas parecen incomodarla, al punto de que cree necesario hacer una aclaración: “No somos estúpidos”.

–¿Cuál es su evaluación de la situación en Europa?

–Primero déjeme decirle lo que dijo el primer ministro (Mario) Monti, que además es uno de los expertos más reconocidos sobre los temas del continente (fue funcionario del Banco Central Europeo). Sobre los resultados de la cumbre dijo que era un buen paso adelante porque la Unión Europea se está convirtiendo en una unión fiscal, lo cual significa que tendremos una política fiscal unificada a nivel europeo y que fortalecemos la unión monetaria. Pero Monti estaba un poco decepcionado también porque una de las iniciativas que quería lograr era mantener al Reino Unido adentro del pacto, pero al final fue imposible. Como sabe, el Reino Unido decidió no firmar este acuerdo que será un acuerdo intergubernamental, con metas a corto plazo, a ser alcanzadas en marzo próximo. Este es el componente fiscal del problema. Después tenemos el problema del blindaje. como lo llamamos, el problema del manejo de la crisis de la deuda y respecto de este punto, tomamos algunas decisiones. Por ejemplo, permitir que el nuevo mecanismo de intercambio entre la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional entre en vigor antes de lo pronosticado, el próximo julio, por la emergencia. Transferimos dinero al FMI para que el Banco Central Europeo actúe como agente del programa de ayuda para Europa que ya está funcionando. Así que no fue una solución muy radical porque el Banco Central Europeo no se convirtió en prestamista de última instancia, pero es un paso adelante.

–¿Ustedes prefieren que el Banco Central Europeo cumpla ese rol?

–Sí, es mi opinión. Monti, no sé. Hay muchas opiniones en Europa. Lo importante es que el gobierno italiano está a favor de instrumentos como los eurobonos y la puerta quedó abierta para decisiones a futuro en esta dirección.

–También hay muchas opiniones que indican que Europa está repitiendo los errores cometidos por los gobiernos neoliberales de Latinoamérica durante las crisis de los ’90.

–Primero, la Unión Europea es única. Yo sé que tuvieron una experiencia a nivel nacional, pero es una historia completamente distinta cuando se tienen 17 países con una misma moneda y una corta historia por detrás. Por eso se pudo ver que la reacción inicial a la crisis griega fue tentativa, y en un punto tardía. Pero ahora la Unión Europea está volviendo a los fundamentals, a mi modo de ver, en un terreno más seguro. Por ejemplo, una de las decisiones más importantes que se tomó ayer fue con respecto al involucramiento del sector privado, que en el caso griego tuvo que hacerse cargo de parte de la deuda. Ayer se decidió que el caso griego fue una excepción, que la decisión inicial del sector privado de pagar parte de la deuda fue contraproducente. Es demasiado fácil criticar a la Unión Europea, una organización innovadora y dedicada que por ensayo y error va experimentando algo nuevo. Estoy segura de que el euro va a persistir, seguir vivo, no pienso que vaya a colapsar y después de ayer (por anteayer) estoy más segura.

–Las metas fiscales acordadas demandan ajustes que llevan a una caída en la actividad económica, que genera menos recaudación, que a su vez genera más déficit, que provoca nuevos ajustes, que generan más recesión, que produce protestas y descontento social. ¿Cómo se rompe el ciclo?

–Nos damos cuenta de dos problemas: el problema fiscal y recomenzar el crecimiento. No podemos ir sólo con la disciplina fiscal como hicimos ayer que dimos un paso adelante en ese frente, tenemos que subrayar el problema de crecimiento. Era importante darle a Alemania la señal de que los países mediterráneos retomaron el camino de la disciplina fiscal, pero entre todos y a nivel nacional actuaremos en el tema del crecimiento con distintos instrumentos.

–Críticos como Stiglitz opinan que Europa se está suicidando con su receta monetarista.

–Es muy fácil juzgar desde afuera. Pero nunca existió una unión monetaria como la europea. Entonces nosotros nos infectamos con la crisis financiera. Italia tenía una deuda alta desde los años ’80 y como dije antes, la disciplina fiscal no alcanza. Mi opinión es que no podés evitarla, pero hay que combinarla con políticas expansivas a nivel europeo.

–¿Políticas expansivas? Acaban de aprobar un megaajuste.

–Se puede reducir el presupuesto al nivel nacional, pero puede haber eurobonos, bonos de inversión a nivel europeo. Es nuestra posición. El Consejo Europeo no cerró su posición respecto de estos instrumentos y los estaremos discutiendo en el futuro cercano.

–¿Cómo se va a reactivar la economía a través de los eurobonos?

–Yo no soy un experta. No soy el ministro de Economía. Soy la viceministra de Exteriores. Sé que hay críticas, pero la disciplina fiscal es imprescindible para armar unión fiscal, que es un paso importante. Está claro que necesitamos crecer. No necesitamos que Stiglitz nos lo recuerde. Lo que no acepto es que después de mirar a la Unión Europea como un espejo de repente todo el mundo puede decirnos lo que tenemos que hacer. No somos estúpidos. Podemos ver la situación y tratamos de hacer lo mejor. Está claro que hace falta crecer, pero no me preguntes por los instrumentos. (Se ríe. El embajador avisa que hay tiempo para una última pregunta.)

–Monti se describió como un técnico y no un político. Aunque tiene apoyo parlamentario, ningún partido quiso aportar ministros a su gabinete. ¿No va a ser difícil pasar el ajuste sin la mediación de los políticos?

–Tenemos un gobierno apoyado por una muy fuerte mayoría parlamentaria, por lo menos hasta ahora, y confiamos en mantener a esta mayoría hasta el final del mandato de esta Legislatura en el 2013. Monti y el ministro de Trabajo están perfectamente capacitados para manejar el gobierno. Sus carreras no son de políticos profesionales, pero son muy inteligentes y muy hábiles y están sobradamente capacitados para implementar las reformas que estamos intentando por primera vez en mucho tiempo, como la reforma jubilatoria. Ciertamente tendremos protesta social, esto es claro, pero estoy segura de que Monti será capaz de manejar eso. Empieza con un apoyo público muy importante, al mismo tiempo que los partidos políticos tradicionales tienen un apoyo muy bajo.

–Daría la impresión de que son los trabajadores griegos e italianos los que pagan el precio de la crisis, mientras los bancos franceses y alemanes que la generaron reciben salvatajes.

–No voy a contestar esa pregunta. (Se ríe.) La entrevista se terminó. (Más risas. Los funcionarios de la embajada presentes se levantan de sus asientos, dando por terminada la conversación.)

sodonnell@pagina12.com.ar

 

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Disciplina alemana

Año 4. Edición número 176. Domingo 02 de octubre de 2011
Por

Rafael Poch, La Vanguardia (Barcelona)

El gobierno teutón presume sobre sus reformas estructurales a la económica germana. En consecuencia, Berlín advierte que ya hizo sus deberes y que “ahora les toca a los endeudados” de la Unión Europea

Tres años después de Lehman Brothers, Alemania reduce la peor crisis desde 1929 a una cuestión de endeudamiento y virtud. Afirma que en los últimos quince años, mientras los europeos del sur estaban de fiesta, ella llevó a cabo un proceso de reformas estructurales y desregulación, practicó la austeridad salarial y sufrió una alta desocupación. Gracias a aquel sacrificio, dice, cosechó enormes superávits exportadores, que logra mantener en la crisis, y tiene poco paro. Su mensaje es: “Nosotros ya hicimos los deberes, ahora les toca a los endeudados”.

Una mayor integración económica europea que remedie el defecto de nacimiento del euro (una moneda única sin fiscalidad común) se entiende en Alemania únicamente como un acuerdo para forzar la disciplina presupuestaria, configurando una especie de régimen autoritario de ahorro a nivel de la Unión Europea. En ese régimen se debería cancelar la soberanía de los infractores e intervenir sus gobiernos mediante el envío de funcionarios europeos, proponen los abogados más elocuentes de la fórmula. La austeridad debe consagrarse como principio constitucional. Esa schuldenbremse es la contribución doctrinal alemana a la actual crisis, podría decirse. Fuera de Alemania cada vez hay más consenso acerca de que esta doctrina es un completo disparate.

La leyenda del país virtuoso ignora que su superávit exportador y los déficit de los demás son, en un mercado unido, dos caras de la misma moneda. Alemania consiguió ese éxito practicando un recorte de salarios reales de casi el 2% en los últimos diez años, mientras en los otros países los salarios subían. Los enormes capitales que Alemania generó se invirtieron y prestaron a países como Grecia, España, Portugal, Italia e Irlanda. Más de un billón de euros, según el Banco de Pagos Internacionales, gran parte en absurdos negocios meridionales inmobiliarios que no habrían adquirido tal volumen sin esos capitales. La estupidez meridional se financió con la de los bancos alemanes, incluida la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos.

Una vez la situación estalló, Alemania ha sido líder en la ideología de utilizar las cuestiones de deuda para forzar la austeridad, lo que en Grecia se demuestra como catástrofe. Grecia tiene hoy 20.000 millones más de deuda, su sociedad está siendo enloquecida con los recortes y toda perspectiva de crecimiento resulta asfixiada por esa política. El FMI acaba de corregir su previsión para Grecia en este año: en lugar de contraerse un 3% como se pensaba hace seis meses, su PIB lo hará un 5%. Y la guinda es que la perspectiva de una quiebra griega amenaza al conjunto del sistema financiero europeo, lo que asusta al mundo entero, ha dicho Barack Obama. Siemens, una de los mayores consorcios europeos, ya está asustado: ha retirado más de 500 millones de euros de uno de los mayores bancos franceses para colocarlos en el Banco Central Europeo.

Todas las ideas que se formulan para salir de este despropósito, desde la creación de eurobonos hasta una recapitalización más realista de los fondos de rescate organizados el año pasado –que ahora se quedan pequeños ante posibles problemas en países mucho más grandes como Italia o España–, tienen al Gobierno alemán, a la canciller Angela Merkel y al ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, como principales oponentes. Algo parecido ocurre en el Banco Central Europeo: las concesiones a la realidad que esa institución ha debido realizar, comprando deuda italiana, española y griega in extremis, han tenido lugar entre resistencias y dimisiones alemanas.

Los raros políticos de la coalición de gobierno de Merkel que se han atrevido a poner en cuestión el dogma han sido anatemizados. Ha sido el caso de la presidenta del Sarre, Annegret Kramp-Karrenbauer, que se atrevió a decir que la disciplina presupuestaria está bien cuando la economía va bien; no en la actual situación.

Lo peor es que esta rigidez está presa de la opinión pública, a la que no se ha explicado la naturaleza de la crisis. Hacerlo sería reconocer que tampoco Alemania lo hizo bien, y que no se trata de un mero problema de deuda y virtud sino de una verdadera enfermedad del sistema económico, de la abdicación de los estados o, mejor dicho, de la total subordinación de los estados al beneficio desenfrenado de una pequeña oligarquía definitivamente liberada de los escrúpulos sociales del mundo de la guerra fría.

La ironía de la situación es que comienzan a detectarse humedades en el camarote de primera del Titanic. Quienes creían que les blindaba contra el naufragio, y confundían el iceberg estructural con un problema de mala administración mediterránea, están entre extrañados e inquietos por la humedad que sienten en los pies pese a sus gruesos calcetines de lana. Mucho depende de Europa, dicen en EE.UU. y en el FMI. En Europa mucho depende de Alemania. Pero Alemania es lenta. Condenadamente lenta. El animal que mejor la representa en esta crisis es la tortuga.

 

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